La cúrcuma es una de las especias con más propiedades beneficiosas.  Casi podríamos decir que se trata de un “superalimento”. Potente antiinflamatorio, alivia los dolores de la artritis, ayuda en la digestión, es antioxidante y refuerza el sistema inmunológico. Pero nuestro cuerpo no lo tiene fácil a la hora de absorberla y, si no seguimos unos pasos concretos a la hora de consumirla, casi no valdrá de nada que la tomemos.

También se habla de la cúrcuma como un potente anticancerígeno, aunque no hay aún evidencias científicas que lo demuestren. La dosis diaria de cúrcuma recomendada, sobre todo si sufrimos artritis, padecemos de estómago o nos hallamos en un momento bajo, con pocas fuerzas, es de 3 gramos, ya sea en polvo, en raíz seca o fresca. Pero de poco nos valdrá ingerir esa cantidad diluida simplemente en un vaso de agua si no la preparamos adecuadamente.

Los pasos que hay que seguir son sencillos pero imprescindibles si quieres aprovechar totalmente sus propiedades.

  1. Mézclala siempre con pimienta negra. Ésta, además de tener grandes cualidades, es un adyuvante de la cúrcuma, es decir, ayuda a que la podamos digerir mejor.
  2. Caliéntala. Cuando vayas a cocinar con ella, sométela al calor sobre la sartén o cazuela previamente.
  3. Añade algún aceite y caliéntalo. Grasas como el aceite de coco, de oliva o el ghee son la vía definitiva para que la curcumina sea inmediatamente absorbida por el torrente sanguíneo.

Una receta fácil

Una manera fácil de ingerir todos los días cúrcuma si no la vas a añadir en ningún guiso, es tomarla con un vaso de leche (vegetal o de vaca o cabra). Pon en un cazo la cantidad de leche que vayas a consumir y caliéntala. Añade media cucharadita de cúrcuma, un golpe de pimienta negra, un poco de canela para darle dulzor y un chorrito de aceite de oliva o de coco. Deja que todo infusione un par de minutos y ya está. Tendrás una bebida saludable y perfecta para tomar antes de irte a dormir.